Has notado que en cada región que visites de nuestro país encuentras frases muy distintivas de ellos, aquí te damos algunos datos curiosos de estas frases tan populares:

¿De dónde viene la frase “Ya nos cayó el Chahuistle”?

Resulta que el chahuistle es un término que tiene su origen en la palabra náhuatl chahuitztli que significa enfermedad del maíz, quizá hoy en día no suena tan mal, pero hace cientos de años en la época prehispánica las cosas eran muy diferentes. El maíz era parte vital de las tradiciones y economías mesoamericanas, que un cultivo de maíz se viera atacado por el hongo causante del chahuiztli era una verdadera tragedia.

Con la conquista la palabra se fue deformando y terminó en “chahuistle”, un término un poco más pronunciable para los españoles, aunque estoy seguro que desde mucho tiempo antes ya era sinónimo de una tragedia que “te cayera el chahuiztli”.

¿De dónde viene la frase “Sepa la bola”?

De acuerdo a lo que se puede encontrar en algunos libros de historia mexicana, el término “La Bola” surgió a principios del siglo XX con la Revolución Mexicana y se utilizaba para referirse a los grupos de revolucionarios que surgieron en todo el país. Se cree que hace referencia a la mezcla de personas que había en dichos grupos, donde bien podíamos encontrar desde campesinos hasta militares, realmente eran una bola de gente.

Con todo lo que sucedía en la revolución, se culpaba a “la bola” de todo lo que sucedía fuera de lo común. Si había un saqueo, había sido la bola, si había un enfrentamiento, era la bola, todo se le achacaba a la bola. En algún momento no sólo “la bola” era responsable de las cosas, sino era la única que sabía que había sucedido, lo cual dio origen a nuestra frase del día.

¿Por qué “Chupar Faros” es sinónimo de morir?

Para los que no los conocen, los Faros son unos cigarros mexicanos originarios de la ciudad de Irapuato. Son muy conocidos ya que son muy baratos, no tienen filtro y están hechos con una hoja de papel arroz de la misma forma que se hace cerca de 100 años.

La relación con la muerte surge a principios del siglo pasado, en la época de la Revolución. Cuentan los historiadores que los soldados, o cualquier otra persona que fuera a ser fusilada, normalmente podían pedir un último deseo, el cual, ante la muerte inminente casi siempre era fumar un cigarro. Y como en ese momento los cigarros más populares eran los Faros, la probabilidad de que el sentenciado recibiera un Faro era altísima.